Barreras rompevientos en fruticultura

Les anexamos un informe muy interesante respecto a la utilización de mallas cortavientos, tan importante para el cultivo de kiwi.

Las barreras rompevientos son obstáculos naturales o artificiales destinados a reducir la velocidad del viento en los cultivos.

Las barreras rompevientos son obstáculos naturales o artificiales destinados a reducir la velocidad del viento en los cultivos. Su objetivo más visible es evitar los daños mecánicos generados por ese factor climático, como son la rotura de brotes y hojas y el rameado y caída de frutos, entre otros.

Las barreras rompevientos son obstáculos naturales o artificiales destinados a reducir la velocidad del viento en los cultivos. Su objetivo más visible es evitar los daños mecánicos generados por ese factor climático, como son la rotura de brotes y hojas y el rameado y caída de frutos, entre otros.

No son menos importantes las modificaciones microclimáticas originadas por este tipo de barreras, que optimizan el aprovechamiento de factores como la radiación, la temperatura, la humedad ambiental, y permiten mejorar el crecimiento y el desarrollo del cultivo protegido.

En los valles de la Norpatagonia, éstas se ubican de manera perpendicular a la dirección de los vientos. En general, la disposición del sistema de riego en la región determina que los cuadros se rieguen en las direcciones oeste- este o norte-sur, por lo que las barreras están ubicadas en ese sentido. No obstante, la orientación óptima es la del noroeste-sureste, de manera perpendicular al viento dominante.

Las barreras perimetrales de la chacra deben tener mayor porosidad que las interiores y el máximo de altura posible. Esto permite mayor distancia en sus efectos sobre la reducción de la velocidad del viento.

En el Gráfico I se muestra, en corte, una barrera permeable o porosa al viento que puede representarla una alameda de fila única. A la izquierda se observa el viento que llega (a barlovento) a la barrera, donde parte de éste la atraviesa con menor  velocidad hacia la zona de sotavento.

Una parte del viento que llega es obligado por la interferencia de la barrera a elevarse por encima de ésta, donde se comprime con presión con las fetas de viento que circulan en esa altura. El viento que pasó por encima en altura vuelve a direccionarse hacia el suelo a una distancia de la barrera que está en función de la porosidad y altura de ésta.

Esa distancia señala el alcance de la zona «protegida» por la barrera y se expresa en  múltiplos de su altura (nh). En el Gráfico II se observa, en corte, una barrera  impermeable (muy baja porosidad, del orden del 20 al 30%), el viento incidente y los efectos de ésta sobre el aire. Puede asimilarse el tipo de barrera a una pared o cualquier otro material que no deje pasar el aire.

El viento prácticamente no pasa a través de la barrera. A barlovento, cerca de ésta se forma un colchón de aire que provoca un desvío del viento hacia arriba, comprimiéndose, con mayor presión hacia el tope de la barrera.

Detrás, a sotavento se forma una depresión o vacío que hace descender nuevamente el aire desde lo alto. Este descenso, si es brusco, provoca caída de frutos, fenómeno que se observa en algunos cuadros.

En las barreras permeables se logra reducir la velocidad del viento en un porcentaje que es función de la porosidad, y los efectos pueden alcanzar las 15 h de distancia.

En el caso de las barreras impermeables, que pueden tener porosidades del orden  del 20-30%, se logran mayores reducciones de la velocidad del viento, pero los efectos de reducción a sotavento tienen incidencia hasta distancias de 6-10 h. La porosidad debe considerarse en toda la barrera, en la altura y en el ancho.

Efectos de las barreras sobre el viento

Barreras artificiales

Estas barreras no generan competencia por nutrientes o agua con los cultivos protegidos. En la protección de frutales, vid o cultivos hortícolas a cielo abierto no reemplazan a las barreras naturales, debido que no es posible obtener alturas  superiores a los 6 m, por los elevados costos de construcción.

En general, son las más utilizadas en la protección de invernáculos. En este tipo de  barreras es posible definir precisamente la porosidad, de acuerdo con la necesidad de protección. Para construirlas se emplean redes plásticas tejidas de material en  polipropileno (x).

No se aconseja el uso del tejido denominado raschel, porque es laxo  y con el viento se forman bolsones en la barrera, que impiden su adecuado funcionamiento. En la  instalación de soporte es necesario tener en cuenta que el material debe permanecer tenso. En cuanto al color de la red, se recomienda el negro, por ser el más resistente  a la degradación de la radiación ultravioleta.

En los invernáculos de nuestra región es posible usar redes bastante impermeables, con mucho efecto de reducción del viento, ya que el área a defender es escasa en metros.

Estructura: Con postes sulfatados puestos cada 8 m de la altura de la red. Alambres de AR tensados con torniquetes, distanciados cada metro a lo alto de la estructura, el primero a nivel del suelo. Cada poste debe tener un muerto del lado del barlovento.

Igualmente, es necesario colocar algunos muertos del sotavento para sostenerla cuando se producen vientos del sector este. La red, en sus bordes superior e inferior,
lleva plaquetas para su agarre con los alambres. La sujeción de la red a los postes se puede hacer con listones de madera de 2.5 cm de ancho en toda la extensión.

Las barreras en la defensa de heladas

Las barreras cumplen la función de modificar el microclima diurno y nocturno, y  consiguientemente, disminuir la intensidad de las heladas en los cultivos. Durante el día reducen la entrada de aire frío, haciendo que la energía absorbida por todo el ambiente vegetal se traduzca en una elevación de la temperatura, mientras que en la noche impiden el ingreso de aire frío en los cuadros protegidos.

También frenan las brisas que provocan evaporación en el riego por aspersión. En general se recomiendan las de foliación temprana, coincidente en lo posible con la floración del cultivo. No es aconsejable podarlas en su parte baja, porque en el día el viento puede filtrarse con más facilidad y velocidad, y durante la noche entra el aire más frío que está ubicado próximo al suelo.

La masa vegetal de las barreras también acumula calor de día y lo libera de noche  como energía calórica, lo que contribuye a regular la temperatura mínima a su  alrededor.

Dirección predominante de los vientos en la región

Los vientos más intensos y dominantes provienen del sector oeste-suroeste durante la temporada de desarrollo de los cultivos intensivos. La mayor frecuencia se registra en el período comprendido entre los meses de septiembre a diciembre, a velocidades que alcanzan hasta 80 km/hora.

La velocidad y dirección del viento se registra a 10 y 2 m de altura, permitiendo un análisis del fenómeno de modo global y a nivel del cultivo, respectivamente. La presencia de cortinas rompevientos y la geografía propia de la región del Alto Valle generan modificaciones en la velocidad de los vientos a la altura de los cultivos. Las diferencias entre los registros a 10 y 2 m de altura son cercanas a los 10 km/hora para velocidades medias y de 20 km/hora para ráfagas máximas.

Clones de álamos recomendados para la plantación de una barrera rompevientos

Para la plantación de cortinas se utilizan diferentes variedades o clones de álamos que se adaptan muy bien a nuestra región. Un primer grupo está conformado por los «álamos negros». Los más plantados son el Populus nigra cv. itálica o «criollo» y el Populus nigra cv. thayssiana o «chileno». Ambos tienen un porte columnar o fastigiado adecuado para conformar las cortinas, y normalmente se plantan en hileras dobles a  tresbolillo.

Desde hace varios años se está utilizando el P. nigra cv. Jean Pourtet, conocido como «Blanc de Garonne», debido a que tiene porte erecto, gran cantidad de ramas finas y mejor crecimiento que los anteriores. Es aconsejable plantarlo en hileras simples.

Un segundo grupo es el de los «álamos blancos oplateados», entre ellos el P. alba variedad pyramidalis o «bolleana», con porte similar al criollo, que permite ser plantado en hileras dobles; y el P. x canescens, «canescens» o «híbrido español», con  una copa más amplia que el anterior. Ambos se adaptan bien a sitios con suelos algo pesados o arcillosos y con salinidad.

Una desventaja de estos clones es que pemiten naturalmente muchos brotes a partir de raíces gemíferas. Un tercer grupo es el de los «álamos híbridos». Los clones más plantados de esta especie son el P. x canadensis cv. I-214, cv. I-488, cv. Conti 12 y el cv. Guardi. Debido a su amplia copa y a la elevada competencia por luz (alto fototropismo positivo) tienden a arquearse cuando son plantados en hileras dobles.

Por lo tanto, se recomienda hacerlo en hileras simples. Los clones de híbridos se desarrollan muy bien en suelos sueltos, de textura franco arenosa, aunque el Guardi se adapta además muy bien a suelos de textura franco arcillosa.

Tanto los álamos criollos como los plateados son más resistentes al frío y al viento que los híbridos, aunque estos últimos crecen más rápido. Por último, es oportuno mencionar que existen establecimientos que utilizan desde hace unos años el Populus simonii o «álamo chino» para proteger de las heladas a aquellas variedades de  frutales de brotación temprana.

Este clon, que aún no está ampliamente difundido en la zona, brota entre 20 y 25 días antes que los álamos criollos. En la Estación Experimental Alto Valle del INTA se está llevando a cabo un ensayo, con el fin de  observar su comportamiento.

¿Cuándo y a qué distancia plantar?

La plantación de álamos se realiza en los meses de reposo vegetativo, entre junio y mediados de septiembre. Cuando el material de plantación es la «guía o vareta» o la «estaca», que es una porción de guía de 25-30 cm, se recomienda hacerlo a fines de agosto o principios de septiembre.

Esto debido a que, al no poseer raíces, debe ser inmediatamente regado para evitar su deshidratación. En cambio, si se trata de «barbados» -plantas producidas en vivero a partir de una estaca- la plantación se puede efectuar a partir del mes de junio. El barbado posee raíces y estará en contacto con la humedad del suelo hasta el momento en que llegue el agua de riego.

Las distancias de plantación dependerán de los clones utilizados, variando entre 1,2 a 2 m entre plantas dentro de la fila. Para el caso del criollo, chileno y bolleana, normalmente se plantan como hileras dobles, a 1,2-1,5 m entre plantas y a 2,5-3 m de distancia entre las filas. Los híbridos, el Canescens y el Blanc de Garonne se deben plantar a no menos de 1,5 m entre plantas, recomendándose que esa distancia sea de 2 m.

Si bien la principal función de las cortinas es la protección de los cultivos, también son proveedoras de madera. Esta materia prima se utiliza para la fabricación de envases y embalajes destinados al transporte y comercialización de productos frutihortícolas.

Jueves 25.04.2013

Miguel Tassara mtassara@correo.inta.gov.ar , Esteban Thomas ethomas@correo.inta.gov.ar , Andrea Rodríguez  arodriguez@correo.inta.gov.ar
Técnico INTA Alto Valle

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Protected by WP Anti Spam